En ocasiones me pregunto por qué mis pensamientos son tan reales e intensos por la mañana,
por qué mi alma vuela y mi pesado cuerpo se queda en tierra con toda la tristeza y el cansancio tirando de él e impidiéndole flotar.
En ocasiones me pregunto por qué mi espíritu decae y se adormece por las tardes,
por qué mis pensamientos son tan torpes y faltos de imaginación, es como si el pesar y el cansancio de mi cuerpo le ganasen la partida a mi alma y la encadenase en tierra con él, volviéndola fría y gris, cortándole las alas.
En ocasiones me pregunto que ocurre en las noches, que rompen los grilletes que mi cuerpo impone a mi alma por las tardes, y hace que esta sea tan liviana por las mañanas.
En ocasiones despierto a media noche y veo a mi alma, con el aspecto de un chaval despreocupado de nueve años, recostado en un árbol en el césped recordando, sonriendo al recordar su sonrisa, y entonces lo entiendo todo.
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